Eran las once menos quince, por el portillo solo se divisaban unos cuantos rayos de luna, tus ojos centellaban como nunca los había observado, sentir tus manos peregrinar todo mi cuerpo fue único, y esa tu mirada clavada en lo más intimo de mi ser, y ese beso, ¡¡¡¡¡QUE BESO!!!!!!, con ese exquisito toque de humedad, tus huellas quedaron marcadas como tatuajes, y tu aparición en mi alcoba fue fenomenal, que manera de emprender la noche, ¡¡¡¡¡qué manera!!!!!, tu efluvio sigue presente en mí, como en los últimos 120 minutos, si esto no es el empíreo, nada lo es.
Esa conexión tan única, que solo logramos cuando estamos entre las sabanas, como olvida la noche de anoche, creo que quedara por siempre en mi memoria.

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